Diferencia entre tener clase y ser elegante

Hay ciertas personas que tienen algo especial, que se admiran comúnmente por su saber estar, por su forma de vestir o de actuar. Ese atractivo personal es muy complicado de explicar, aunque hay determinados conceptos que nos acercan a los iconos del estilo y pretenden dar con la clave para obtener todos los ingredientes necesarios.

Una definición muy común es la de “tener clase” o ser una persona elegante. Son expresiones que se asocian con los referentes en moda, lujo o estilo y que van más allá de escoger la prenda adecuada para cada ocasión: se trata también de saber llevarla.

Sin embargo, la realidad es que se trata de cualidades con discrepancias sutiles, pero existentes. ¿Tú tampoco sabes cuál es la diferencia entre tener clase y ser elegante?, ¿quieres descubrir si tienes alguna de estas características? En este artículo te lo explicamos todo.

¿Qué es tener clase?

Cuando se dice que una persona tiene clase, a menudo se asocia con aportar un comportamiento distintivo del resto desde el punto de vista más positivo. Una persona con elevada educación que a menudo se considera “un caballero” cuando se trata de un hombre o “una dama” cuando hablamos de una mujer. Además, con un aspecto cuidado y sofisticado, bien vestido.

Sin embargo, todo esto tiene una connotación que nos lleva, probablemente, a los inicios de esta expresión. Se trata de la clase social y económica y va íntimamente unido al poder adquisitivo para poder optar a una excelente educación, así como disponer de prendas caras.

Las personas de clase alta son las que tradicionalmente tienen acceso a una serie de servicios y productos de primer nivel. Por lo tanto, se entiende que esta expresión viene a destacar que estos individuos han crecido en el seno de una familia pudiente que otorgó los medios necesarios para refinarse y vestir bien y que, además, los supo aprovechar. Definitivamente, tener clase es gozar de ciertos privilegios y hacer que estos luzcan.

Como es algo bastante subjetivo que se suele decir sin conocer en profundidad a la persona que recibe el halago, en algunos casos se puede crear una paradoja en la actualidad. Es posible que el sujeto sea una persona educada que, con esfuerzo, cultivó su saber estar y que, con el tiempo, supo escoger las prendas adecuadas o tuvo la oportunidad de comprar aquellas que tienen un precio algo elevado. Todo ello sin nacer en un hogar de clase alta. Por lo tanto, tener clase es más una cuestión de apariencia que de datos socioeconómicos reales.

¿Qué es ser elegante?

Otro atributo común que se emplea para determinadas personas que suelen destacar en el mejor de los sentidos es la elegancia. La elegancia es tener muy buen gusto a la hora de escoger las prendas de vestir e impresionar a otros por estar dotado de mucho estilo.

Esto tiene sus matices, pues no basta únicamente con tener el olfato para observar la ropa más interesante, comprarla y ponérsela. También implica el combinar de una forma muy satisfactoria y equilibrada tanto las prendas como los complementos, que el resultado resulte impecable. A mayores, las personas elegantes tienen la habilidad de seguir los protocolos a la perfección y saber qué atuendo escoger según la ocasión sin desentonar.

Es algo que suele extrapolarse a todo lo que está relacionado con la estética, más allá de la ropa. Las personas que se consideran elegantes también suelen tener un excelente gusto personal para cuestiones de diseño, decoración y demás.

La diferencia entre tener clase y ser elegante

A priori parece que tener clase y ser elegante son atributos con muchas cosas en común. Personas que son auténticos iconos del estilo y en las que siempre nos podremos fijar, tomar como referentes para cantidad de circunstancias.

No obstante, hay matices y diferencias muy relevantes en ambas cualidades. Para ser elegante hay que tener un gusto especial y carismático, aunque esto se puede conseguir sin emplear prendas de elevado coste o una educación refinada, como es el caso de las personas con clase.

De hecho, es posible que una persona sea muy elegante (con buen gusto y aspecto) pero, por desgracia, tenga poca clase, pues en cuanto se pone a dialogar se ve cierta vulgaridad que contrasta mucho con su aspecto.

Por supuesto, lo ideal es tener ambas cualidades para quedar bien en todo tipo de circunstancias y ser admirado, independientemente del poder adquisitivo. Cuando se combinan la clase, es decir, el saber estar, con la elegancia, haciendo alarde de la parte estética, podremos triunfar.

¿Se puede tener clase y elegancia con ropa de marcas fast fashion?

Esta es una de las grandes preguntas que pueden hacerse muchas personas en la actualidad, pues no todo el mundo dispone de los recursos necesarios para vestir con marcas constantemente. Además, la tendencia del fast fashion hace que las modas pasen con mucha rapidez y que estar al día sea bastante complicado.

En este sentido, una de las claves que reúnen a la elegancia y la clase es tener siempre en el fondo de armario alguna prenda buena, de materiales duraderos, que será atemporal y que se verá de calidad. Es todo un acierto para muchas circunstancias diferentes y se tratará de una inversión a muy largo plazo.

Por otro lado, para destacar por la elegancia será esencial cuidar mucho las combinaciones. Aunque se lleven prendas low cost, estas deben tener armonía entre ellas y estar totalmente equilibradas. Basta con intentar no mezclar demasiados estampados o colores estridentes y cuidar la sutileza. También es interesante buscar el dress code de cada tipo de evento antes de escoger el vestuario, algo sencillo hoy en día gracias a internet.

Si además queremos añadir ese punto de distinción que invita a los demás a decir que tenemos clase, aquí lo único importante será la educación. Ya no hace falta ir a colegios caros para esto, basta con ser respetuoso con otras personas, guardar la compostura y tratar de cultivarse interiormente. Los individuos preocupados por este aspecto tan personal suelen verse como más agradables y atractivos.